martes, 7 de junio de 2016

Las esponjas son animales

“¿Cómo es posible que las esponjas sean animales?” Se preguntarán algunos. “Pero si no se mueven” añadirían. Y, la verdad, es que algo de razón habría que darles. Después de todo, la capacidad de movimiento es una de las características tra-dicionales de los animales y las esponjas mucho movimiento no suelen tener. No es de extrañar que durante siglos se las clasificara como vegetales. Pero no. No son plantas ni ninguna clase extraña de seta marina. Tampoco algas raras. Son animales y de todo derecho.

¿Y qué hay del movimiento? Pues hay que tener en cuenta que “capacidad de movimiento” no se refiere a que te puedas echar una carrera, sino que serviría con tener partes móviles, algo que las esponjas cumplirían por poseer cilios en las células ¿Demasiado rebuscado? Los científicos a veces son así y se empeñan en adaptar las cosas para que cuadren. Yo, por el contrario, soy más partidario de eliminar el movimiento como característica de los animales. Para empezar porque no es algo exclusivo del grupo, pero también porque hay varios grupos como las esponjas o los hongos que han sido clasificadas donde no debían. Antiguamente, la dualidad animal=móvil y vegetal=inmóvil podía ser útil, pero ya hemos progresado lo suficiente para saber que hay cosas más importantes que la movilidad.

¿Y qué es más importante que moverse? Por ejemplo, el tipo de células. Los animales son los únicos seres pluricelulares que tienen células eucariotas (es decir, con núcleo) desprovistas de una pared celular que la proteja. También son heterótrofos, lo que significa que debemos alimentarnos de otros seres porque no somos capaces de producir nuestro propio alimento. Y, por si todo eso fuera poco, respiramos oxígeno, poseemos colágeno, nos reproducimos sexualmente y tenemos embrión. Si cumples todo eso, eres un animal. Y las esponjas lo cumplen.

De todas formas, las esponjas siempre han sido la excepción que confirma la regla. Por ejemplo, todos los animales cuentan con tejidos diferenciados... salvo las esponjas. O todos los animales simetría corporal... salvo algunas esponjas. Son los graciosos de los animales, siempre dando la nota. Pero animales son, de eso no hay duda.

jueves, 2 de junio de 2016

Aves y saurios 5: Los dinosaurios tenían alas

Si tenemos en cuenta que el cuerpo de los dinosaurios terópodos estaba recubierto de plumas, a nadie le debería sorprender que las plumas de las extremidades anteriores formaran alas. Después de todo, no debemos olvidar que este tipo de dinosaurios son considerados los ancestros de las aves modernas y es bastante lógico suponer que una estructura como el ala surgiera antes de que los pájaros o Archaeopteryx aparecieran sobre la faz de la Tierra.

De hecho, se han encontrado fósiles de microraptor (dinosaurios que comparten familia con los velociraptor) que no es que tengan 2 alas ¡es que tienen 4! Dos en las extremidades anteriores y dos en las posteriores. Y es que en ningún sitio está escrito que no se puedan desarrollar alas en las piernas.

martes, 31 de mayo de 2016

¿En qué consiste la domesticación?

La domesticación es uno de esos conceptos que (como la “cultura”, la “conciencia” o el “arte”) para la que hay mil definiciones diferentes. Algunos dicen que es una simbiosis, otros identifican domesticación con domesticidad y consideran domesti-cado a cualquier animal doméstico, los hay para los que domesticar y domar es lo mismo... Para mí, la domesticación es el proceso por el cual el hombre introduce cambios en los seres vivos para hacerlos más productivos que les llevan a resultar inviables en la naturaleza.

Así, por ejemplo, las ovejas tendrían muy complicado pasar un verano sin deshidratarse con sus abrigos de lana (para saber cómo apareció la lana puedes leer “la lana es un invento humano”) que, para colmo, se irían enganchando en todos los arbustos que se cruzaran. Las vacas, con sus enormes ubres y su lactancia perpetua (que se llevaría buena parte de los nutrientes que comiesen), serían otras que lo pasarían bastante mal en libertad. Eso por no hablar de los perros, con su incapacidad para madurar (ver “Los perros abandonados”) y las formas cada vez más extremas que adoptan las razas. Aunque, para formas incompatibles con la naturaleza, las de los cerdos, cuyos volúmenes corporales en edad adulta llegan a tales niveles que muchos son totalmente incapaces de andar.

En el otro lado se situarían los gatos y los caballos que, salvo algunas razas muy raras como los gatos esfinge (carecer de pelo no es lo mejor para pasar el invierno), se diferencian poco de sus primos salvajes.

martes, 10 de mayo de 2016

Aves y saurios 4: Las plumas no surgieron para volar

Los dinosaurios no volaban. Eso es algo que los científicos llevan declarando de forma tajante desde hace décadas. Los pterosaurios y pteranodones sí, pero esos eran reptiles de otras familias, no de los dinosaurios. Por tanto, si admitimos que tenían plumas, también tendría-mos que admitir que las plumas no surgieron para volar. De hecho, incluso si al final se descubriera que alguno de los dinosaurios era capaz de surcar los cielos, el título de esta entrada seguiría estando en lo cierto: las plumas no surgieron para volar.

La primera razón es la filosófica. A no ser que uno crea en un poder superior que va dirigiendo la evolución de las especies, las cosas no surgen con una finalidad concreta. Aparecen y luego si tiene utilidad, pues mejor que mejor. Por ejemplo, tener todos los glóbulos rojos en forma de media luna (anemia drepanocítica se llama) es un síndrome con multitud de complicaciones y con una esperanza de vida bastante corta. Tener sólo la mitad, te protege de la malaria. Pero nadie puede decir que, causando el sufrimiento que causa a los que padecen la anemia, esa mutación surgió para proteger a nadie de la malaria. Simplemente, pasa. Y lo mismo con las plumas.

La segunda razón es que volar implica mucho más que unas simples plumas, como bien saben gallinas y avestruces. Además, las plumas encontradas en dinosaurios son proto-plumas, algunas de las cuales tienen una estructura bastante parecida a un pelo. Y su función, también sería la misma que nuestro pelos: crear una capa de aire sobre la piel que evitara la desecación, el frío, la pérdida excesiva de agua y las quemaduras solares. No es volar, pero tampoco es moco de pavo.

martes, 3 de mayo de 2016

Evolucionar no significa mejorar

Incluso antes de que internet copara nuestras vidas y la inmediatez se convirtiera en dogma, a poca gente le daba por leerse los largos tratados científicos llenos de complicados tecnicismos y que, en muchos casos, ni siquiera llegan a una conclusión clara. El problema de esto es que las teorías que nos llegan, suelen hacerlo desprovistas de todas las explicaciones y matices que deberían llevar. Así, mucha gente sigue creyendo que Darwin postuló que el hombre viene del mono o que la evolución hace mejorar los animales. Y ninguna de las dos cosas son ciertas. Empecemos por lo de la evolución y dejemos los monos para otro día.

Evolucionar no significa mejorar, sólo cambiar. Cuanto más alejado esté de la forma que tenían sus antepasados, más evolucionada estará una especie, pero eso no significa que sea mejor. Puede tener una organización más compleja, más adaptaciones al medio o más mutaciones en sus genes, pero eso no significa que sea mejor. De hecho, no hay nada que diga que evolucionar tiene que ser algo beneficioso.

El problema es que en biología, las cosas no son mejores, sino aptas para un determinado ambiente. Lo que vale en un sitio, puede ser un desastre en otro, independientemente de lo evolucionada que se suponga que esté tu especie. Sí, los humanos poseemos una inteligencia que nos permite alterar todo nuestro planeta y hay más especies de insectos que del resto de animales y las plantas angiospermas han conquistado casi toda la tierra emergida y las aves pueden volar por los cielos. Pero en el océano a 3000 metros de profundidad junto a una dorsal oceánica de la que sale el agua a más de 300 grados no hay humanos, insectos, angiospermas o aves. Ahí lo que vive bien son arqueas, unas bacterias que se supone que han evolucionado muy poco y que pueden realizar maravillas como soportar altísimas temperaturas o alimentarse de metales pesados. Ahí características tan "evolucionadas" como ser pluricelular, soportar la desecación terrestre, usar fuentes de carbono como alimento, regular la temperatura, la reproducción sexual o realizar la fotosíntesis no valen de nada. Y es que, a veces, lo más sencillo es lo mejor.