martes, 3 de noviembre de 2015

Aves y saurios 1: Las aves descienden de los dinosaurios

¿Sabías que las aves descienden de los dinosaurios? Si te acabas de enterar, debes sentirte como lo hicieron en su día los arqueólogos del Museo de Historia Natural de Londres cuando un médico alemán les fue a vender su extraño fósil de lagarto alado.

Aquel espécimen que hoy se conoce como Archaeopteryx (arqueópterix para los amigos) era como cualquier otro dinosaurio terópodo (el grupo de tiranosaurus rex y velociraptores) en pequeñito, con sus dientes puntiagudos y sus garras afiladas. Pero también tenía una característica que nadie esperaba: ¡¡plumas!!

En gran parte gracias a ese fósil, los científicos llegaron a la conclusión de que las aves habían evolucionado a partir de los dinosaurios y que arqueópterix era el eslabón perdido entre esos dos grupos.

Pero la historia de las aves no se quedó ahí. Eso sólo es el principio de un culebrón que incluso hoy en día sigue dando algunas sorpresas.

martes, 13 de octubre de 2015

Mamíferos que ponen huevos

¿Como es posible que haya mamíferos que ponen huevos si desde pequeños nos han enseñado los mamíferos paren vivas a sus crías? Pues porque las clasificaciones y las normas las ponemos nosotros, no la naturaleza. A ella le da lo mismo que los mamíferos que ponen huevos, los peces que respiran aire o los reptiles de sangre caliente no entren en tu bonita clasificación. Para desgracia de los biólogos, la evolución es mucho más caótica y azarosa de lo que les gustaría.

Pues, como decía, hay mamíferos que ponen huevos. Este grupo, monotremas se llaman, incluye a los ornitorrincos y las equidnas (una especie de erizo de tierra con el morro alargado). Alguno se estará preguntando “¿Y por qué están considerados mamíferos si ponen huevos?” Pues la verdad es que cuando se descubrieron, prefirieron clasificarlos como reptiles con pelo, en lugar de mamíferos que ponen huevos. Y no sólo por la forma de reproducción. También cuentan con otros rasgos reptilianos como la cloaca (un orificio que une todas las funciones de excreción y las reproductivas) o los espolones venenosos de los machos (son los únicos mamíferos venenosos que existen). Pero, al final, se acabaron clasificando en mamíferos.

“¿Y por qué?” Se preguntarán “¿Es que pesa más tener pelo que poner huevos?” Pues la verdad es que sí. Después de todo, lo que ahora llamamos mamíferos, son (somos) descendientes de un grupo de reptiles y no es extraño que las especies que se han mantenido más invariables a lo largo del tiempo conserven rasgos de los reptiles y, por ejemplo, pongan huevos. Sin embargo, tener pelo es una de esas características sólo los mamíferos tienen y que comparten entre todos, señal de que todos nosotros procedemos de un antepasado común.

También los monotremas presentan otras “sinapomormías” (así se llaman estas características exclusivas que definen a los grupos) de mamíferos como que el maxilar inferior está formado sólo por el hueso dentario o que tengan glándulas mamarias que producen leche (aunque no tienen pezones y las crías no “maman” como tal, sino que beben la leche que "suda" su madre).

lunes, 5 de octubre de 2015

Las avestruces no esconden la cabeza en agujeros

Pues no, las avestruces no esconden la cabeza en agujeros. Sí que choca porque es una de esas cosas que circulan por la consciencia colectiva y que ha llegado a dar lugar a expresiones como “hacer la técnica del avestruz” o "entierras la cabeza como las avestruces". Pero, aun así, sigue sin ser cierto. Aunque lo más curioso de este mito es que nadie sabe muy bien de dónde ha salido. A mí, lo único que se me ocurre es que tuviera su origen en los cortos animados de Disney o Warner.

El caso es que no, las avestruces no esconden la cabeza en un agujero cuando se sienten amenazadas. Más que nada, porque no está nada fácil encontrar en la sabana un hoyo de semejante tamaño ¿y si no hay ninguno? ¿qué harían entonces estas enormes aves para reducir su estrés vital? ¿cavar ellas mismas? ¿le daría tiempo a tener el hoyo listo antes de que se la comiesen?

Además ¿qué clase de estrategia de supervivencia es meter la cabeza en un agujero? ¿es para no ver al león que la va a devorar y así no poder escapar? ¿de verdad alguien piensa que un pájaro que no puede volar iba a sobrevivir haciendo eso? Sobre todo, teniendo en cuenta que las avestruces son más veloces que la mayoría de carnívoros (llegan a correr a 90km/h frente a los 60km/h de los leones) y mucho más resistentes que los guepardos.

Lo que sí es cierto es que las avestruces bajan la cabeza, lo que tiene algo de sentido al ser la parte de su cuerpo que más llama la atención sobre las praderas. Tampoco es una gran estrategia, pero al menos no implica tener que estar buscando agujeros por el suelo. Y si algo con dientes se acerca demasiado, no se quedan ahí, sino que salen escopetadas.

jueves, 4 de junio de 2015

Los camellos no acumulan agua en las jorobas

La lógica a veces nos lleva a conclusiones que nada tienen que ver con la realidad. Así, como los camellos viven en ambientes desérticos y aguantan mucho tiempo sin beber, pues la gente suele concluir que acumulan agua en las jorobas. Lo que a nadie se le ha ocurrido que la comida tampoco es que abunde en el desierto y que quizás lo que lleve en las jorobas sea algo tan común entre los mamíferos (nosotros incluidos) como la grasa, en lugar de poseer un tejido misterioso que se llena de agua.

Y es que las jorobas de dromedarios y camellos son precisamente eso, acúmulos de tejido adiposo que les permita sobrevivir sin comida. Que no necesiten agua no guarda ninguna relación con la joroba porque la mayor parte del agua que se obtiene al quemar la grasa, se evapora para regular la temperatura corporal (algo parecido a lo que hace nuestro sudor).

Que la grasa se acumule en la joroba es especialmente ventajoso para los que viven en climas cálidos, ya que es un tejido aislante y si estuviera extendido por todo el cuerpo evitaría que se pudiera disipar el calor corporal.

martes, 2 de junio de 2015

Los gatos no maúllan para comunicarse entre ellos

Los gatos son animales solitarios, muy territoriales, que necesitan el sigilo para cazar y que evolucionaron en áreas desérticas en las que los alimentos apenas sirven para mantener a un individuo. Sus relaciones con otros gatos suelen limitarse al mínimo y, normalmente, lo hacen para pelearse por el territorio o para reproducirse (o para pelearse por reproducirse). Todo lo que tienen que decirse pueden hacerlo con la postura del cuerpo, los movimientos de cola, la posición de las orejas, los bufidos, los arañazos y los mordiscos. Ese es su lenguaje: si encorvan la espalda es que se prepara para atacar, tumbarse boca arriba significa rendición, si mueve la cola te indica que se está cabreando... Y los mensajes que no cubren con eso, lo hacen mediante olores. Los gatos sólo maúllan de verdad cuando son crías (los gritos de las peleas podrían considerarse maullidos, pero no son algo que hagan todos los días), que también es el único momento sociable, para llamar la atención de su madre.

Entonces ¿por qué maúllan los gatos domésticos? Pues por la misma razón por la que lloran los bebés: porque así les hacemos caso. Necesitan llamar nuestra atención ya que nosotros controlamos la comida y el agua, limpiamos la caja de arena e invadimos permanentemente su espacio vital. Esas son cosas que un gato sólo pide cuando es una cría y, por tanto, usa el lenguaje de las crías para solicitarlo porque no sabe hacerlo de otra forma. Y casi mejor, porque si fueran olores lo que utilizaran para pedir comida, más de uno se moría de hambre (a no ser que lo hicieran con el líquido asqueroso ese que les sale de los sacos anales).

El uso de un lenguaje de cría no es más que otro de los muchos ejemplos de infantilización que se da en especies domesticadas. En perros, esta vuelta a la niñez es mucho más acusada y es la razón de que no puedan valerse por sí mismos y de la inmensa mortalidad que se da entre los perros abandonados (pueden leer el artículo sobre Los Perros Abandonados).